San Bernardo

La llamada divina: La vocación de San Bernardo de Claraval

Un día, movido ya por la gracia, pero ligado todavía con el mundo por el atractivo del brillante porvenir que se abría a su juventud, caminaba San Bernardo a través de los campos de Borgoña. Andaba en silencio, mientras en su espíritu se revolvían multitud de importantes pensamientos: el mundo, con sus bullicios y constantes vicisitudes, de tal manera se ofrecía a su vista como un vano espectáculo, que comprendió de repente la voz que le hablaba en el fondo de su corazón: «Vengan a Mi todos los que sufren y andan cargados de penas y trabajos, y Yo los aliviaré; tomen mi yugo y hallarán el descanso para sus almas, pues mi yugo es suave y ligera mi carga.»

Al oír esto, se apoderó del corazón de Bernardo un deseo celestial. Entró en una capilla que había al borde del camino; y allí, postrado de rodillas al pie del altar, oró con lágrimas abundantes, levantados los ojos al cielo y abriendo de par en par su corazón a la presencia del Señor. A partir de entonces, una paz inefable bajó a su alma: el soplo divino reanimó el rescoldo de su corazón y, abrasado de amor, Bernardo se consagró para siempre a Dios.

Esa voz suave e interior que hizo estremecer a Bernardo hasta la médula, y le llamaba al desierto, se hace oír en todos los tiempos, a todas horas, y en todas las situaciones. A veces nos llega en medio de las alegrías del hogar doméstico donde una santa madre nos ha enseñado a amar y servir a Dios; a veces entre los cantos sagrados y el incienso que se eleva alrededor del altar del Sacrificio Eucarístico. Va a buscarnos en la campiña donde nacimos y donde pensábamos morir; en medio del fragor de la industria, en las mil preocupaciones del comercio, en los trabajos de un humilde oficio o en las satisfacciones de una lucha carrera, en el estudio de la ciencia o en los éxtasis del arte, y hasta en medio del remolino de los placeres mundanos. A todos esos elegidos les dice la voz: «Tu es sacerdos in aeternum: tú has sido elegido para sacerdote por toda la eternidad, levántate y ven.»[1]


[1] Fuente: Cf. J. Millot, Pbro, Camino de Apóstol

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Redacción SMCR

Las publicaciones firmadas como «Redacción SMCR» son producidas por miembros del equipo de redacción bajo la supervisión del Responsable del Equipo Editorial de nuestro instituto, quien garantiza que cada contenido sea fiel a los principios rectores de la Sociedad Misionera de Cristo Rey. Como nos enseñó el Padre José María Alba S.J., «¿Para qué queremos la vida si no es para gastarla en el Divino servicio?». Si deseas ponerte en contacto con nosotros o tienes algún comentario sobre nuestro contenido, por favor escribe al correo contacto@misionerosdecristoreyperu.com.
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