María es Madre física de Jesús y Madre espiritual de los hombres. Debemos amar a María y honrarla de todo corazón. Así daremos gusto al Señor que, como todo hijo bien nacido, se alegra de ver a su Madre Santísima honrada y amada.
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María es Madre física de Jesús y Madre espiritual de los hombres. Debemos amar a María y honrarla de todo corazón. Así daremos gusto al Señor que, como todo hijo bien nacido, se alegra de ver a su Madre Santísima honrada y amada.
San José escuchó la oración fiel de aquel hombre que sufría en silencio. Lo condujo hasta el monasterio, donde encontró la fe, la paz y la esperanza. Que San José también nos proteja y nos acerque siempre al corazón de Jesús.
Santa Rosa comprendió que la gracia de Dios es un tesoro más valioso que cualquier riqueza. Aunque el sufrimiento sea difícil, puede llevarnos a una mayor unión con Dios. Su mensaje nos anima a no quejarnos de las dificultades, sino vivirlas con fe.
La vida de Santa Rosa demuestra que la oración debe transformar el corazón y acercarnos a Dios. Su ejemplo invita a amar especialmente a los pobres y anunciar a Cristo con nuestra propia vida.
San Agustín nos recuerda que nuestra perfección está en Cristo y que sólo unidos a Él encontramos nuestro verdadero camino. Ser santos es volver una y otra vez a Dios, incluso después de nuestras caídas, y descansar finalmente en su amor.
San Pío X fue un Papa sencillo, humilde y gran catequista, que dedicó su vida a acercar a todos a Jesucristo. Destacó por su amor a los niños, a la paz y a una Iglesia formada por verdaderos apóstoles.
La Iglesia celebra hoy a san Alfonso María de Ligorio, obispo, doctor de la Iglesia, fundador, y uno de los grandes pastores que supo responder, con lucidez y ternura, a las necesidades espirituales de su tiempo.
Desde los primeros siglos del cristianismo, la Madre del Perpetuo Socorro acompaña a sus hijos con ternura y protección. Sus manos sostienen al Niño Jesús y también nuestras angustias y esperanzas.
Las redes están llenas de ruido, pero el mundo necesita mensajes que hablen de Dios. Evangelizar también puede comenzar con un simple “compartir”.
No hay término medio: o caminamos con Cristo o nos perdemos en las sombras del mundo. Ser amigo fiel de Jesús vale más que todos los triunfos pasajeros de la tierra.