Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
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Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.
A través de la oración, el rosario y una vivencia interior, Anthony comprende cómo María lo conduce a Jesús y a su presencia real en la Eucaristía.
Acudamos con confianza al Corazón Sacratísimo de Jesús, fuente de misericordia y escuela de humildad y abandono en la voluntad del Padre.
Dios llama a cada persona a la santidad, especialmente a través de la vocación religiosa, como una invitación de amor y entrega total.
En la Anunciación, María responde libremente al plan de Dios con su “fiat”, haciendo posible la Encarnación del Señor Jesucristo.
Entre la muerte y la vida, el Escapulario se convierte en signo de Salvación. La gracia de Dios transforma su tragedia en una vida consagrada.
Rezar la Coronilla fortalece nuestra esperanza y nos impulsa a ser misericordiosos. Nos une al corazón de Cristo en su pasión y entrega por amor.
La fórmula de Consagración a San José es un acto de entrega a su cuidado paternal, es reconocer su protección y decidir vivir bajo su guía espiritual.