Un hombre alejado de la fe experimenta la ayuda providencial a través de la devoción de su hija a santa Teresita, e inicia su retorno a Dios.
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Un hombre alejado de la fe experimenta la ayuda providencial a través de la devoción de su hija a santa Teresita, e inicia su retorno a Dios.
Una joven rebelde alejada de Dios es tocada por la oración. La batalla espiritual culmina en su conversión, mostrando el poder de la oración y la misericordia.
Tras el milagro visto por muchos fieles en 1630, se instituyó la fiesta de la Virgen del Milagro, el 27 de noviembre, vinculada luego a la Medalla Milagrosa.
Su testimonio firme y coherente animó a otros cristianos perseguidos, recordando que la verdad no debe confundirse con indiferencia ni ocultarse por temor.
El Corazón de Jesús es verdaderamente humano, pero unido sustancialmente al Verbo de Dios, siendo así el mismo Corazón de Dios. Merece adoración.
La Vocación consiste en la aptitud y la rectitud de intención, unidas al llamado de Dios y la respuesta humana. Es necesario querer seguir el llamado.
La Virgen María, así como estuvo llena de amargura en los misterios de la pasión, estuvo llena de gozo por la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.