A lo largo de su pontificado, Juan Pablo II se ha referido en diversas ocasiones a su vocación como Sacerdote, a su designación como Obispo y a su elección como Papa, a lo que sintió y pensó en esos momentos.
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A lo largo de su pontificado, Juan Pablo II se ha referido en diversas ocasiones a su vocación como Sacerdote, a su designación como Obispo y a su elección como Papa, a lo que sintió y pensó en esos momentos.
La vocación sacerdotal y religiosa es un camino de amor y servicio que requiere discernimiento, formación y un compromiso profundo con Dios y la comunidad. Ofrece una vida llena de significado y alegría.
Jesús nos llama a seguirlo de cerca, viviendo como Él vivió, buscando la santidad. La vida religiosa es una invitación a dejarlo todo para ser de Cristo.
La vocación sacerdotal es un llamado de Dios desde la eternidad para servirle y entregarse por la salvación de las almas. Es una elección divina.
La Vocación es un Don de Dios que nace en el interior del corazón y se descubre en la oración y el silencio. Seguir a Cristo hace la vida muy hermosa.
La Vocación consiste en la aptitud y la rectitud de intención, unidas al llamado de Dios y la respuesta humana. Es necesario querer seguir el llamado.
La Vocación Religiosa no consiste solo en sentimientos o inclinaciones interiores. Debe ser discernida con prudencia y confirmada por la autoridad legítima.
Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
La Eucaristía es el Don supremo de Cristo confiado al Sacerdote. En ella, su amor se hace presente y transforma la vida del mundo.
Dios llama a cada persona a la santidad, especialmente a través de la vocación religiosa, como una invitación de amor y entrega total.