Su testimonio firme y coherente animó a otros cristianos perseguidos, recordando que la verdad no debe confundirse con indiferencia ni ocultarse por temor.
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Su testimonio firme y coherente animó a otros cristianos perseguidos, recordando que la verdad no debe confundirse con indiferencia ni ocultarse por temor.
Para que se viva con intensa piedad la Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II ha establecido que se enriquezca con la indulgencia plenaria.
Una anciana, atrapada por un leopardo, clama a la Virgen en medio del dolor. Su fe sencilla abre paso al milagro: la fiera huye y ella salva su vida.
El episodio muestra la religiosidad indígena y control eclesiástico en el virreinato peruano, entre conflictos, resistencias y adaptaciones culturales.
El Corazón de Jesús es la obra más perfecta del amor de Dios. En Él se unen lo más santo del cielo y lo más puro de la tierra para nuestra Redención.
Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La belleza de la Pascua está en que no solo se contempla, sino que se vive: en Cristo resucitado, cada Cristiano es llamado a una vida nueva.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.
Jesús es Rey del cielo, de nuestras almas y de toda la sociedad. En este Domingo de Ramos, dejemos que Él reine en nuestros pensamientos, palabras y obras.