Cruz

Cuatro lecciones principales de la Santa Cruz

¡Miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios… En la Cruz, Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed del amor de cada uno de nosotros. Cuatro grandes lecciones que aprendemos de la Cruz de Cristo.

1. La Cruz nos enseña que Dios es amor

Sólo dirigiendo la mirada a Jesús, muerto en la cruz por nosotros, se puede conocer y contemplar esta verdad fundamental: «Dios es amor». «Desde esa mirada, el Cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar».

Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna. La Iglesia nos invita a levantar con orgullo la Cruz gloriosa para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por los hombres, por todos los hombres. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida. Sobre este árbol, Jesús nos revela su majestad soberana, nos revela que Él es el exaltado en la gloria.

Jesucristo a Santa Gema Galgani: “Hija mía, mírame y aprende cómo se debe amar. ¿No sabes que el amor me ha dado la muerte? Estas llagas son obra del amor”.

  • “Me amó y se entregó a la muerte por mí”.
  • “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.

San Agustín: “Quede clavado por entero en su corazón el que por ustedes quiso estar clavado en una Cruz”.

2. La Cruz nos enseña lo horroroso que es el pecado

Cristo está en la cruz a causa de mis pecados. Si para remediar mis pecados ha sido necesaria la muerte de Dios en la Cruz, el pecado tiene que ser algo verdaderamente horroroso.

“… Contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender profundamente qué es el pecado, su trágica gravedad, y al mismo tiempo la inconmensurable potencia del perdón y de la misericordia del Señor”.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna” (Jn 3, 16).

Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Cristo Crucificado dijo un día a Santa Ángela de Foligno: “No hay pecado por el que Yo no haya sufrido pena y ofrecido remedio”.

Y San Agustín confesó: “Desde que supe que fui comprado por la sangre de Cristo, no me atreví jamás a venderme”.

3. La Cruz nos enseña el Valor de las almas

La Cruz nos muestra también el valor que tenemos a los ojos de Dios, la grandeza de cada hombre redimido por Él. “Sus cicatrices nos curaron” escribirá años después san Pedro, haciéndose eco del poema del siervo doliente de Isaías. Es decir, su dolor y sus heridas gritan que hemos sido comprados a precio de la sangre de Dios; expresan el valor inmenso que tiene el hombre a los ojos de Dios, de manera que jamás podremos encontrar un motivo tan grande y tan sólidamente fundamentado para justificar nuestra dignidad… “Mirad que no han sido comprados… con bienes caducos, con oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo…”

Pensemos que para crear Dios el mundo le bastó un “hágase”, una palabra: ¡fiat! Pero para salvar a las almas necesitó ¡30 años y la cruz!

Si ponemos en el platillo de una balanza un alma, en el otro tendremos que poner, para equilibrarla, la columna de la flagelación, los clavos, una cruz, sangre… ¡todo un contrapeso divino! Por eso, podemos pensar que, si Él ha hecho tanto por mí, ¿cuándo haré yo suficiente?

4. La cruz nos enseña a perder el miedo a sufrir

No podemos olvidar que somos discípulos de un Dios que ha muerto en la cruz. Que somos “del bando del Crucificado” (Santa Teresa). San Agustín llamaba a los cristianos “hijos del calvario”.

Jesús también quiere sufrir para ayudarme a sobrellevar mis sufrimientos, para darme fuerza y santificarme con ellos y en ellos. Él sabía que sus discípulos iban a ser perseguidos y crucificados. Y como pedía a la debilidad humana un acto heroico, quiso padecer por delante terriblemente para darnos fuerzas. “Él padeció por nosotros para que sigamos sus huellas” (1 Pe 2,21). Más aún, Jesús sufre por amor a cada uno de nosotros, para fortalecernos en las pruebas: “Como Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella” (Hb 2,18).

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Redacción SMCR

Las publicaciones firmadas como «Redacción SMCR» son producidas por miembros del equipo de redacción bajo la supervisión del Responsable del Equipo Editorial de nuestro instituto, quien garantiza que cada contenido sea fiel a los principios rectores de la Sociedad Misionera de Cristo Rey. Como nos enseñó el Padre José María Alba S.J., «¿Para qué queremos la vida si no es para gastarla en el Divino servicio?». Si deseas ponerte en contacto con nosotros o tienes algún comentario sobre nuestro contenido, por favor escribe al correo contacto@misionerosdecristoreyperu.com.
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