Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
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Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
El Padre Alba recibió de Dios una naturaleza muy bien dotada y perfectamente equilibrada, en donde la Gracia obró con gran fecundidad.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La belleza de la Pascua está en que no solo se contempla, sino que se vive: en Cristo resucitado, cada Cristiano es llamado a una vida nueva.
La Eucaristía es el Don supremo de Cristo confiado al Sacerdote. En ella, su amor se hace presente y transforma la vida del mundo.
Jesús es Rey del cielo, de nuestras almas y de toda la sociedad. En este Domingo de Ramos, dejemos que Él reine en nuestros pensamientos, palabras y obras.
Jesucristo tiene un Corazón filial, modelo para el nuestro, pues también somos hijos de Dios llamados a vivir en amorosa entrega su voluntad.
Acudamos con confianza al Corazón Sacratísimo de Jesús, fuente de misericordia y escuela de humildad y abandono en la voluntad del Padre.
Dios llama a cada persona a la santidad, especialmente a través de la vocación religiosa, como una invitación de amor y entrega total.
Rezar la Coronilla fortalece nuestra esperanza y nos impulsa a ser misericordiosos. Nos une al corazón de Cristo en su pasión y entrega por amor.