Idolatría

Un caso de idolatría en Huarochirí del siglo XVII

Hace más de veintiséis años, el historiador Javier Flores Espinoza publicó un sugerente estudio sobre un caso de idolatría ocurrido en 1650 en la región de Canta–Huarochirí. Su investigación, basada en documentos del Archivo Arzobispal de Lima, reconstruye la historia de Juana Icha, una viuda de 65 años que, tras la muerte de su esposo —Domingo de Líbiac— y la consiguiente pérdida del sustento familiar, se vio envuelta en prácticas asociadas a la hechicería.

La vida religiosa del poblado estaba bajo la guía del clérigo Antonio de Cáceres, quien además se desempeñaba como azoguero en Guaricancha. Fue él quien impulsó el proceso judicial contra Juana, articulando la acusación en un contexto donde la fe, la autoridad y el control social se entrelazaban estrechamente.

La denuncia provino de Felipe Curichahua e Isabel Chacpa, su esposa. Según su testimonio, el conflicto se originó cuando su hijo, Pablo Caruanchu, tras haber cortejado a Violante —hija de Juana—, terminó azotándola a raíz de desacuerdos. En respuesta, Juana habría amenazado con maldecirlo. Poco después, un incendio consumió la vivienda de la familia, junto con sus animales, lo que llevó a Pablo a abandonar el pueblo.

El 10 de marzo, Juana fue capturada. A partir de esa fecha, comenzó a responder a los interrogatorios dirigidos por el religioso encargado del proceso. Sus declaraciones permitieron delinear un panorama más complejo y revelador: afirmó haber aprendido prácticas de hechicería de otro indígena, Alonso Caxaguaranga, quien también poseería tales conocimientos.

Juana sostuvo, además, que la eficacia de estos rituales se debía a la intervención de su huaca, el Apo Parato. Esta entidad no solo participaba en las prácticas, sino que, según su testimonio, mantenía una relación cercana con ella. Juana le ofrecía ofrendas y alimentos, e incluso afirmaba dormir en su presencia, lo que sugiere un vínculo de carácter íntimo y cotidiano con lo sagrado.

Tras concluir el interrogatorio, Juana comenzó a señalar a otras personas de su comunidad que también estarían involucradas en estas prácticas. Entre ellas mencionó a una mujer indígena llamada Inés, vinculada a la huaca Apo Quircay, así como a un indio de apellido Perales, quien conocería el escondite de diversos ídolos locales. Este último, sin embargo, logró escapar antes de ser capturado. De manera significativa, en el curso de las declaraciones también surgieron acusaciones cruzadas, en las que incluso los denunciantes eran señalados como partícipes de conductas supersticiosas.

Este episodio permite vislumbrar, en pequeña escala, la complejidad del panorama religioso en el virreinato peruano, donde las creencias indígenas, las prácticas rituales y la institución eclesiástica se entrelazaban en un escenario de tensiones, resistencias y adaptaciones culturales.

Bibliografía consultada

Flores, J. (1999). En brazos de la divinidad. Historia de una mujer y su huaca (Canta, 1650). En M. Zegarra (Ed.), Mujeres y género en la historia del Perú (pp. 15–37). CENDOC-Mujer.

Viva Cristo Rey

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Yadir Camayo

Licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Historia por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. Egresado de la Maestría en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Diplomado en Historia del pensamiento educativo peruano por la UNMSM.
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Yadir Camayo

Licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Historia por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. Egresado de la Maestría en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Diplomado en Historia del pensamiento educativo peruano por la UNMSM.