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CARTA CIRCULAR DEL SUPERIOR GENERAL DE LA SOCIEDAD MISIONERA DE CRISTO REY

El nuevo Superior General de la Sociedad Misionera de Cristo Rey comparte sus primeros sentimientos y pide a todos los fieles acompañarlo con la oración y la fidelidad a la misión recibida.

En esta carta el Superior General invita a renovar nuestra entrega a Cristo Rey, acogiendo con fe y esperanza esta nueva etapa de la Sociedad Misionera. A continuación el texto íntegro de su Carta Circular:

¡Viva Cristo Rey!

Sentmenat, 26 de junio de 2026

A los amigos y conocidos de la Sociedad Misionera de Cristo Rey, a los queridos miembros de las Uniones Seglares, y a los feligreses de Santa María, Yanacoto y Chacrasana (Perú)

Queridos todos en Cristo:

Hoy celebramos el LVII aniversario de la fundación de la Unión Seglar de San Antonio María Claret, de Barcelona, y el VII de la Unión Seglar de Santo Toribio de Mogrovejo, de Chosica (Perú).

Fecha significativa también para las demás Uniones Seglares de Palma de Mallorca, de Castellón de la Plana y de Madrid que, con la ayuda de Dios, mantenéis, en medio de la tormenta, el rescoldo del fuego de amor y fidelidad a Cristo y a la Iglesia que iba encendiendo allí por donde pasaba el Padre José María Alba, S.I.

Quisiera, en primer lugar, daros las gracias, en nombre propio y de la Iglesia, por vuestra fidelidad a los dones recibidos de Dios a través de estos pobres instrumentos que son la Sociedad Misionera y las Uniones Seglares.

También en estos momentos deseo haceros manifiesta la gratitud de todos los miembros consagrados de la Sociedad Misionera de Cristo Rey por el calor humano y la caridad con que habéis acompañado en estos últimos años a nuestro Superior General, el Padre Antonio Turú, mCR.

En sus inescrutables designios, el Señor quiso asociarlo de una manera muy intensa al Misterio de la Redención invitándole, especialmente en los últimos años de su vida, a vivir su vocación de misionero cooperando con Cristo en la salvación de las almas, por medio de la aceptación de la cruz de múltiples enfermedades.

Con vuestras oraciones le habéis sostenido día tras día para que pudiera repetir continuamente lo que el Apóstol decía a sus discípulos de Colosas: “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1, 24)

Gracias también por tantas manifestaciones de condolencia que hemos recibido tras darse a conocer la noticia de su fallecimiento. Disculpad que nos haya sido imposible contestar una a una. En ellas se nos ha hecho visible el gran aprecio de que era objeto el que fue durante tantos años nuestro Superior y Padre. Y en ellas hemos encontrado un alivio al dolor que nos causa su fallecimiento.

Estoy seguro de que ahora, ya cumplido el mes de su muerte, seguís pidiendo a Dios Nuestro Señor que, por su gran misericordia, una vez purificado de sus pecados, pueda gozar cuanto antes de la felicidad eterna.

Y cómo no daros también las gracias por tantas oraciones que habéis elevado pidiendo al Espíritu Santo que iluminara a los Padres que, conforme a las Constituciones de la Sociedad Misionera, fuimos convocados para la elección del nuevo Superior General.

En los días de retiro que precedieron, teníamos la grave responsabilidad de realizar un serio discernimiento espiritual para llegar a conocer internamente la Voluntad de Dios sobre la persona que debería suceder al Padre Turú en el servicio a la Sociedad Misionera, a las Uniones Seglares y a la Iglesia universal.

Como seguramente ya muchos sabéis, los Padres electores depositaron sobre mi pobre persona la responsabilidad de mantener y avivar esos fuegos que dejó encendidos el Padre Alba y que, a través de tantos años de abnegada dedicación, nos ha transmitido el Padre Turú.

Como ni hasta el más pequeño detalle escapa a la divina Providencia, resultó que el día en que teníamos que realizar la elección era el 11 de junio, memoria de san Bernabé, Apóstol, denominado “el Hijo de la Consolación”. Pero por la tarde, momento en que se debía realizar la elección, ya estábamos celebrando las Primeras Vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Permitidme esta confidencia con vosotros, a los que desde hace unos días me siento inclinado a llamaros hijos, además de amigos: No podía el Señor haber elegido mejor día y momento para pedirme que aceptara lo que manifestaba era Su Voluntad por medio de los Padres electores. De hecho, cuando poniendo en Él toda mi confianza lo hice, recibí la consolación de sentir internamente que lo que el Corazón de Jesús hace con nosotros, sea lo que sea, siempre es un regalo de su infinito amor misericordioso.

Esa misma noche busqué un texto que no hacía mucho tiempo habíamos leído en el refectorio de la Comunidad de Sentmenat. Releyéndolo quise reafirmarme en estos mismos sentimientos de un gran misionero, Santo Toribio de Mogrovejo quien, tras conocer su nombramiento como Arzobispo de la Ciudad de los Reyes (Lima), en carta dirigida al Papa Gregorio XIII, el 15 de abril de 1580, le escribe:
“He recibido un peso mayor del que pueden sostener mis hombros y que haría temblar a hombros angélicos. Me hayo indigno de este cargo. Pero, confiado en Dios y poniendo en Él mi cuidado, no he tardado en aceptar. Que el mismo Dios ayude mi buena voluntad y me conceda su gracia para que mi oración, lo mismo que mis acciones, tengan en Él comienzo y término.”

Muchos de vosotros me habéis saludado con la expresión “¡Enhorabuena!”. Y sí, así es, porque todo lo que Dios hace siempre es “en-hora-buena”, y con esa convicción quiero recibir este, para mí, humanamente incomprensible designio de Dios. Y así, con la visión sobrenatural con que debemos ver siempre todo cuanto ocurre, os animo ya desde ahora a vivir esto que ha acontecido no sólo en mi vida, sino en la vida e historia de la Sociedad Misionera y de las Uniones Seglares.

Con humano temblor y temor pienso en la responsabilidad que el Señor ha depositado sobre mí al tener que velar con atención y caridad paternal sobre tantas almas. Muy particularmente tengo ahora mismo presentes a los Padres, Hermanos y Hermanas que vivís vuestra consagración a Dios, dentro de la Sociedad Misionera, en las dos comunidades de Santa María y Yanacoto, en Perú. Y, cómo no, a todos los que, participando de la labor misionera de la Unión Seglar de Santo Toribio de Mogrovejo, en sus secciones de Marianos de Cristo Rey y Jóvenes de Cristo Rey, dais tanta gloria a Dios con vuestro continuo aumento en santidad y en número. Dios me conceda la gracia de poder hacer una visita, cuando pase aquí en España el verano, a esas queridas comunidades cristianas de Santa María, Yanacoto y Chacrasana.

Sé que para toda esta ingente tarea cuento con la ayuda de vuestras oraciones, y de la generosa colaboración con la que siempre habéis querido tomar parte en los diferentes apostolados. Y, ante todo, cuento con la convicción de que estas obras apostólicas que inició el Padre Alba son obra de Dios, y que “Él, que inició la obra buena, Él mismo la llevará a término.”

Además, como ocurrió con los mismos Apóstoles, Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los que llama para una misión. Porque, como les recuerda San Pablo a sus discípulos de Corinto, entre ellos no hay “muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los poderosos … de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.” (1 Cor 1, 26-29)

Queridos hijos: es mi intención, con la ayuda de Dios, escribiros de cuando en cuando alguna carta-circular como esta. Pedid ya desde ahora al Espíritu Santo que me inspire siempre en lo que os escriba, para que sea Él y no yo quien os vaya transmitiendo lo que más os convenga para vuestra santificación y formación doctrinal.

Y al mismo Santo Espíritu pedidle que me conceda sus Dones, para que sea siempre y en todo un instrumento lo más dócil y útil en la realización de la misión que me ha sido confiada. Sé que lo haréis y que puedo contar con vosotros en esta tarea. Anticipadamente os doy las gracias a todos por vuestra ayuda y colaboración.

El Señor os bendiga y os guarde siempre en su Corazón.

P. José María Escudero Aguilar, mCR
Superior General de la Sociedad Misionera de Cristo Rey

Viva Cristo Rey

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Redacción SMCR

Las publicaciones firmadas como «Redacción SMCR» son producidas por miembros del equipo de redacción bajo la supervisión del Responsable del Equipo Editorial de nuestro instituto, quien garantiza que cada contenido sea fiel a los principios rectores de la Sociedad Misionera de Cristo Rey. Como nos enseñó el Padre José María Alba S.J., «¿Para qué queremos la vida si no es para gastarla en el Divino servicio?». Si deseas ponerte en contacto con nosotros o tienes algún comentario sobre nuestro contenido, por favor escribe al correo contacto@misionerosdecristoreyperu.com.
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