María es Madre física de Jesús y Madre espiritual de los hombres. Debemos amar a María y honrarla de todo corazón. Así daremos gusto al Señor que, como todo hijo bien nacido, se alegra de ver a su Madre Santísima honrada y amada.
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María es Madre física de Jesús y Madre espiritual de los hombres. Debemos amar a María y honrarla de todo corazón. Así daremos gusto al Señor que, como todo hijo bien nacido, se alegra de ver a su Madre Santísima honrada y amada.
El Sacerdote hace presente a Cristo y realiza misterios que nadie más puede realizar: celebra la Eucaristía y perdona los pecados. Por eso, su misión es indispensable para la vida de la Iglesia y la salvación de las almas. Pensar en esta grandeza nos lleva a comprender la urgente necesidad de promover y cuidar las vocaciones sacerdotales.
Santa Rosa comprendió que la gracia de Dios es un tesoro más valioso que cualquier riqueza. Aunque el sufrimiento sea difícil, puede llevarnos a una mayor unión con Dios. Su mensaje nos anima a no quejarnos de las dificultades, sino vivirlas con fe.
La vida de Santa Rosa demuestra que la oración debe transformar el corazón y acercarnos a Dios. Su ejemplo invita a amar especialmente a los pobres y anunciar a Cristo con nuestra propia vida.
San Agustín nos recuerda que nuestra perfección está en Cristo y que sólo unidos a Él encontramos nuestro verdadero camino. Ser santos es volver una y otra vez a Dios, incluso después de nuestras caídas, y descansar finalmente en su amor.
Santa Teresa de Jesús Jornet nos invita a poner a Dios en el centro de nuestra vida y a caminar con la mirada puesta en la eternidad. Así podremos vivir libres, sin ser esclavos de las cosas pasajeras del mundo.
En el camino para ser un católico no practicante, el punto central es el abandono de la Misa dominical. Nunca encontrarás un motivo positivo para dejar de ir a Misa, que sea virtuoso, es decir que provenga de algo valioso, que dé valor al acto de no ir, que demuestre que es mejor no ir que ir.
«Desde los primeros siglos de la Iglesia católica, el pueblo cristiano ha elevado suplicantes oraciones e himnos de alabanza y devoción a la Reina del Cielo, tanto en circunstancias gozosas como, mucho más, en momentos de grave aflicción y peligro»
El calendario cita, entre los santos, a san Bernardo de Claraval, gran doctor de la Iglesia, que vivió entre los siglos XI y XII (1091-1153). Su ejemplo y sus enseñanzas resultan muy útiles también en nuestro tiempo.
Santa Clara, virgen, que, como primer ejemplo de las Damas Pobres de la Orden de los Hermanos Menores, siguió a san Francisco, llevando una áspera vida en Asís, en la Umbría, pero, en cambio, rica en obras de caridad y de piedad. Enamorada de verdad por la pobreza, no consintió ser apartada de la misma ni siquiera en la extrema indigencia y enfermedad († 1253).