La belleza de la Pascua está en que no solo se contempla, sino que se vive: en Cristo resucitado, cada Cristiano es llamado a una vida nueva.
La belleza de la Pascua está en que no solo se contempla, sino que se vive: en Cristo resucitado, cada Cristiano es llamado a una vida nueva.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.
Jesús es Rey del cielo, de nuestras almas y de toda la sociedad. En este Domingo de Ramos, dejemos que Él reine en nuestros pensamientos, palabras y obras.
A través de la oración, el rosario y una vivencia interior, Anthony comprende cómo María lo conduce a Jesús y a su presencia real en la Eucaristía.
Jesucristo tiene un Corazón filial, modelo para el nuestro, pues también somos hijos de Dios llamados a vivir en amorosa entrega su voluntad.
Acudamos con confianza al Corazón Sacratísimo de Jesús, fuente de misericordia y escuela de humildad y abandono en la voluntad del Padre.
En la Anunciación, María responde libremente al plan de Dios con su “fiat”, haciendo posible la Encarnación del Señor Jesucristo.
Entre la muerte y la vida, el Escapulario se convierte en signo de Salvación. La gracia de Dios transforma su tragedia en una vida consagrada.
La fórmula de Consagración a San José es un acto de entrega a su cuidado paternal, es reconocer su protección y decidir vivir bajo su guía espiritual.
Consagrarse a San José es un compromiso de imitar sus virtudes y confiar en su poderosa intercesión, especialmente en los desafíos de la fe y la familia.