Santo Domingo Savio, el joven que quiso ser Santo. Su vida y legado continúan inspirando a jóvenes de todo el mundo a vivir su fe con valentía y devoción.
Santo Domingo Savio, el joven que quiso ser Santo. Su vida y legado continúan inspirando a jóvenes de todo el mundo a vivir su fe con valentía y devoción.
Esta devoción consiste en que cada primer sábado de mes, se realicen diversos actos de piedad con la intención de reparar los pecados contra el Inmaculado Corazón de María.
Contemplamos a San José y a la Virgen María, modelos de vida sencilla y fiel. Ellos nos enseñan a encontrar a Dios en el trabajo diario y en la oración.
Su testimonio firme y coherente animó a otros cristianos perseguidos, recordando que la verdad no debe confundirse con indiferencia ni ocultarse por temor.
Para que se viva con intensa piedad la Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II ha establecido que se enriquezca con la indulgencia plenaria.
Una anciana, atrapada por un leopardo, clama a la Virgen en medio del dolor. Su fe sencilla abre paso al milagro: la fiera huye y ella salva su vida.
El episodio muestra la religiosidad indígena y control eclesiástico en el virreinato peruano, entre conflictos, resistencias y adaptaciones culturales.
El Corazón de Jesús es la obra más perfecta del amor de Dios. En Él se unen lo más santo del cielo y lo más puro de la tierra para nuestra Redención.
Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.