Rezar la novena al Sagrado Corazón permite a los fieles: Profundizar en el amor de Cristo; Pedir gracias y favores específicos; Reparar ofensas y pecados; Crecer espiritualmente.
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Rezar la novena al Sagrado Corazón permite a los fieles: Profundizar en el amor de Cristo; Pedir gracias y favores específicos; Reparar ofensas y pecados; Crecer espiritualmente.
Junio ha sido proclamado como el mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Les presentamos estas oraciones que se tienen que hacer cada día.
Los Sagrados Corazones de Jesús y María representan el amor infinito y la compasión que ambos tienen hacia la humanidad. Son símbolos de entrega total y sacrificio por el bienestar espiritual de todos los seres humanos.
Santa Mariana de Jesús de Paredes, virgen, que consagró su vida a Cristo en la Tercera Orden de San Francisco y empleó sus fuerzas en ayudar a los pobres indios y negros. Es un ejemplo a seguir.
El “sí” de María maduró a lo largo de toda su vida, especialmente al pie de la Cruz, donde recibió una nueva maternidad espiritual. Desde entonces, acompaña a la Iglesia como Madre y guía de todos los discípulos de Cristo.
Cuando Cristo asciende al Cielo, no abandona a la humanidad; al contrario, abre para nosotros el camino hacia la vida eterna. Allí donde ha llegado la Cabeza, estamos llamados a llegar también nosotros, que somos sus miembros.
El ejemplo de San Isidro Labrador recuerda al mundo moderno que no basta trabajar mucho: también es necesario vivir unidos a Dios. Cuando el corazón ora, hasta las tareas más sencillas tienen valor eterno.
La Beata Imelda vivió enamorada de Jesús Eucaristía desde su infancia, pasando horas ante el Sagrario con un corazón puro y ardiente. Murió de amor celestial después de recibir milagrosamente su Primera Comunión, dejando un ejemplo de santidad y ternura.
Cada estrofa del himno de Fátima es una llamada al corazón: rezar el Rosario, amar a la Iglesia y reparar los pecados del mundo. María sigue esperando nuestra respuesta generosa y fiel.
La Virgen de Luján transformó el peligro en esperanza y levantó, con la fe de un sacerdote humilde, un santuario que hoy sigue iluminando a toda la Argentina. Entre persecuciones, pobreza y dificultades, la Providencia abrió camino para que la Madre de Dios fuera coronada y glorificada por generaciones enteras.