El Corazón de Jesús es verdaderamente humano, pero unido sustancialmente al Verbo de Dios, siendo así el mismo Corazón de Dios. Merece adoración.
El Corazón de Jesús es verdaderamente humano, pero unido sustancialmente al Verbo de Dios, siendo así el mismo Corazón de Dios. Merece adoración.
Para que se viva con intensa piedad la Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II ha establecido que se enriquezca con la indulgencia plenaria.
El Corazón de Jesús es la obra más perfecta del amor de Dios. En Él se unen lo más santo del cielo y lo más puro de la tierra para nuestra Redención.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.
Jesús es Rey del cielo, de nuestras almas y de toda la sociedad. En este Domingo de Ramos, dejemos que Él reine en nuestros pensamientos, palabras y obras.
Jesucristo tiene un Corazón filial, modelo para el nuestro, pues también somos hijos de Dios llamados a vivir en amorosa entrega su voluntad.
Acudamos con confianza al Corazón Sacratísimo de Jesús, fuente de misericordia y escuela de humildad y abandono en la voluntad del Padre.
Rezar la Coronilla fortalece nuestra esperanza y nos impulsa a ser misericordiosos. Nos une al corazón de Cristo en su pasión y entrega por amor.
La fórmula de Consagración a San José es un acto de entrega a su cuidado paternal, es reconocer su protección y decidir vivir bajo su guía espiritual.