La confianza en Dios no debe disminuir el respeto debido a Su Majestad. Como criaturas redimidas, estamos llamados a vivir en reverencia y gratitud.
La confianza en Dios no debe disminuir el respeto debido a Su Majestad. Como criaturas redimidas, estamos llamados a vivir en reverencia y gratitud.
Un hombre alejado de la fe experimenta la ayuda providencial a través de la devoción de su hija a santa Teresita, e inicia su retorno a Dios.
Una joven rebelde alejada de Dios es tocada por la oración. La batalla espiritual culmina en su conversión, mostrando el poder de la oración y la misericordia.
El Corazón de Jesús es verdaderamente humano, pero unido sustancialmente al Verbo de Dios, siendo así el mismo Corazón de Dios. Merece adoración.
Para que se viva con intensa piedad la Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II ha establecido que se enriquezca con la indulgencia plenaria.
El Corazón de Jesús es la obra más perfecta del amor de Dios. En Él se unen lo más santo del cielo y lo más puro de la tierra para nuestra Redención.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.
Jesús es Rey del cielo, de nuestras almas y de toda la sociedad. En este Domingo de Ramos, dejemos que Él reine en nuestros pensamientos, palabras y obras.
Jesucristo tiene un Corazón filial, modelo para el nuestro, pues también somos hijos de Dios llamados a vivir en amorosa entrega su voluntad.