Cuando Cristo asciende al Cielo, no abandona a la humanidad; al contrario, abre para nosotros el camino hacia la vida eterna. Allí donde ha llegado la Cabeza, estamos llamados a llegar también nosotros, que somos sus miembros.
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Cuando Cristo asciende al Cielo, no abandona a la humanidad; al contrario, abre para nosotros el camino hacia la vida eterna. Allí donde ha llegado la Cabeza, estamos llamados a llegar también nosotros, que somos sus miembros.
El ejemplo de San Isidro Labrador recuerda al mundo moderno que no basta trabajar mucho: también es necesario vivir unidos a Dios. Cuando el corazón ora, hasta las tareas más sencillas tienen valor eterno.
La vocación sacerdotal y religiosa es un camino de amor y servicio que requiere discernimiento, formación y un compromiso profundo con Dios y la comunidad. Ofrece una vida llena de significado y alegría.
La Virgen María vino a recordar al mundo la importancia de vivir cerca de Dios. Su mensaje es una invitación a rezar, hacer penitencia y buscar la paz verdadera siguiendo a Jesucristo.
La Beata Imelda vivió enamorada de Jesús Eucaristía desde su infancia, pasando horas ante el Sagrario con un corazón puro y ardiente. Murió de amor celestial después de recibir milagrosamente su Primera Comunión, dejando un ejemplo de santidad y ternura.
Cada estrofa del himno de Fátima es una llamada al corazón: rezar el Rosario, amar a la Iglesia y reparar los pecados del mundo. María sigue esperando nuestra respuesta generosa y fiel.
No dejemos que las redes se llenen solo de cosas vacías. Compartamos mensajes de fe, esperanza y bondad, porque una palabra buena puede alegrar, sanar y acercar un corazón a Dios.
Tu corazón es un templo donde aprendimos a amar, con sacrificios ocultos que nadie puede contar. Madre, tu amor nos sostiene con fuerza dulce y serena, como la Virgen María junto a la cruz y la pena. FELIZ DÍA DE LA MADRE.
La Virgen de Luján transformó el peligro en esperanza y levantó, con la fe de un sacerdote humilde, un santuario que hoy sigue iluminando a toda la Argentina. Entre persecuciones, pobreza y dificultades, la Providencia abrió camino para que la Madre de Dios fuera coronada y glorificada por generaciones enteras.
En la Tradición Católica, el toque de campanas no es solo una costumbre, sino un símbolo espiritual que expresa alegría, solemnidad y llamado a elevar el corazón hacia Dios. La campana es la Voz de Dios como se repite siempre.