La Virgen María, así como estuvo llena de amargura en los misterios de la pasión, estuvo llena de gozo por la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
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La Virgen María, así como estuvo llena de amargura en los misterios de la pasión, estuvo llena de gozo por la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Para que se viva con intensa piedad la Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II ha establecido que se enriquezca con la indulgencia plenaria.
Una anciana, atrapada por un leopardo, clama a la Virgen en medio del dolor. Su fe sencilla abre paso al milagro: la fiera huye y ella salva su vida.
El Corazón de Jesús es la obra más perfecta del amor de Dios. En Él se unen lo más santo del cielo y lo más puro de la tierra para nuestra Redención.
Responder a la Vocación es dejarse guiar por Dios con generosidad y firmeza. Es vivir para Dios, Iglesia y almas. Es decir con fe: “Aquí estoy, Señor”.
El Padre Alba recibió de Dios una naturaleza muy bien dotada y perfectamente equilibrada, en donde la Gracia obró con gran fecundidad.
Consideremos que el camino sencillo de la Divina Misericordia se resume en esto: pedir misericordia, ser misericordiosos y confiar en Jesús.
La belleza de la Pascua está en que no solo se contempla, sino que se vive: en Cristo resucitado, cada Cristiano es llamado a una vida nueva.
La Cruz revela el amor infinito de Dios, que entrega a su Hijo por la salvación del hombre, mostrando así el valor de cada alma y la gravedad del pecado.
La Eucaristía es el Don supremo de Cristo confiado al Sacerdote. En ella, su amor se hace presente y transforma la vida del mundo.