«Desde los primeros siglos de la Iglesia católica, el pueblo cristiano ha elevado suplicantes oraciones e himnos de alabanza y devoción a la Reina del Cielo, tanto en circunstancias gozosas como, mucho más, en momentos de grave aflicción y peligro»
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«Desde los primeros siglos de la Iglesia católica, el pueblo cristiano ha elevado suplicantes oraciones e himnos de alabanza y devoción a la Reina del Cielo, tanto en circunstancias gozosas como, mucho más, en momentos de grave aflicción y peligro»
San Pío X fue un Papa sencillo, humilde y gran catequista, que dedicó su vida a acercar a todos a Jesucristo. Destacó por su amor a los niños, a la paz y a una Iglesia formada por verdaderos apóstoles.
El calendario cita, entre los santos, a san Bernardo de Claraval, gran doctor de la Iglesia, que vivió entre los siglos XI y XII (1091-1153). Su ejemplo y sus enseñanzas resultan muy útiles también en nuestro tiempo.
Pronunciamos, declaramos y definimos como dogma revelado por Dios que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo completado el curso de la vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.
Santa Clara, virgen, que, como primer ejemplo de las Damas Pobres de la Orden de los Hermanos Menores, siguió a san Francisco, llevando una áspera vida en Asís, en la Umbría, pero, en cambio, rica en obras de caridad y de piedad. Enamorada de verdad por la pobreza, no consintió ser apartada de la misma ni siquiera en la extrema indigencia y enfermedad († 1253).
San Pedro Fabro fue uno de los primeros compañeros de San Ignacio. Destacó por su humildad, profunda vida interior y especial don para los Ejercicios Espirituales y el acompañamiento de las almas. Apóstol de la concordia y de la amistad.
La Iglesia celebra hoy a san Alfonso María de Ligorio, obispo, doctor de la Iglesia, fundador, y uno de los grandes pastores que supo responder, con lucidez y ternura, a las necesidades espirituales de su tiempo.
La vida de San Ignacio nos recuerda que ninguna historia está perdida cuando Dios entra en ella. Las heridas pueden convertirse en fuente de gracia; los fracasos, en el inicio de una misión; y un corazón que parecía buscar únicamente el éxito humano puede llegar a convertirse en un instrumento para transformar el mundo.
El Apóstol Santiago, el Mayor, fue el primer mártir de los apóstoles. Santiago fue uno de los doce Apóstoles de Jesús. Vivió con Él, lo conoció y se encargó de extender su Reino y la Palabra de Dios.
La verdadera obediencia no consiste solo en ejecutar una orden, sino en conformar el corazón y el entendimiento con quien manda. Así se alcanza una profunda unidad y una auténtica libertad espiritual.